Opinión

A propósito de la investigación del Wall Street Journal sobre la IA de Google en los colegios de Estados Unidos, publicada el 2 de octubre de 2026, y de la IA de Classroom, encendida por defecto para alumnos de todas las edades desde el 10 de agosto de 2026.

IA de Google y deberes en 1.º de ESO: si la pregunta se contesta desde el buscador, ya no es un ejercicio

Ana Pujana, fundadora de Clyra. .

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Richard Scott, un alumno de Pensilvania de la edad de nuestro 2.º de ESO, sacaba notables en los trimestres escribiendo sus ecuaciones en la caja de búsqueda del portátil del colegio, y suspendió el examen final. Lo que me importa de su historia no es la trampa, porque no la hubo: es que nunca tuvo que ir a buscar la IA que le hacía los deberes, y que una pregunta que se contesta desde el buscador ha dejado de ser un ejercicio.

Sesenta entrevistas y una caja de búsqueda

El 2 de octubre, el Wall Street Journal publicó una investigación sobre la IA de Google en los colegios de Estados Unidos, hecha con más de sesenta entrevistas a profesores, directores, familias, alumnos y médicos. Richard abre el reportaje. Empezó con las ecuaciones de segundo grado, porque sabía que la caja de búsqueda de su portátil escolar contestaba como un asistente, y siguió con otras asignaturas. «Me ralentizó el pensamiento», contó al periódico: en el examen, sin la máquina, le costaba pensar.

El reportaje trae más: una profesora de Miami que vio hundirse las notas de su clase cuando el distrito dio la IA a todos los alumnos, y Nueva York, que les ha vetado su uso en clase. Cuenta también que investigadores de la propia Google habían escrito que un asistente entrenado para ser útil puede darle al alumno la respuesta en lugar de llevarle hasta ella. Google responde que la IA, unida a la enseñanza de un profesor, ayuda a aprender, y que protege a los menores de dieciocho años.

En España no hace falta abrir nada

Aquí la historia llega por otra puerta. Desde el 10 de agosto, la IA de Google dentro de Classroom está disponible para alumnos de cualquier edad y viene encendida por defecto. Si el centro tiene el servicio activado y nadie toca la consola de administración, un alumno de 1.º encuentra, junto a sus tareas pendientes, un botón para estudiar con ella: le prepara tarjetas, tests y guías a partir de los materiales que ha subido su profesor. Se puede apagar para los menores, pero alguien del centro tiene que saber que está ahí y decidirlo.

No sé cuántos chavales de doce años ven además los resúmenes de IA en el propio buscador: cuando llegaron a España, en marzo de 2025, Google los reservó a mayores de edad con la sesión iniciada. La dirección, en cualquier caso, no tiene vuelta. La IA ha dejado de ser una página aparte que el alumno abre a escondidas; viene dentro de las herramientas que el centro le entrega. Y eso cambia lo que se puede conseguir prohibiendo: una puerta se cierra, las paredes no.

Lo que el atajo se lleva por delante

Durante veinte años hemos mandado «búscalo» como quien manda investigar. Y lo era, porque buscar obligaba a abrir tres páginas, leerlas, quedarse con una y reescribirla. Esa lectura era el ejercicio. Hoy el buscador la hace y devuelve la frase final. El alumno que escribe en qué consistió la revolución neolítica tiene en dos segundos una respuesta correcta y bien redactada, y no ha pasado por ninguno de los pasos para los que se le mandó.

Por eso no veo el caso de Richard como un problema de honradez ni de filtros. Hizo lo que el ejercicio le pedía, que era llegar a un resultado, por el camino más corto que tenía delante. Lo que perdió fue la práctica, y un notable de trimestre no la registra. Cualquier pregunta cuya respuesta ya está escrita en alguna parte se puede contestar sin pensar, ahora que esa parte contesta sola. Las preguntas que siguen pidiendo pensar son las que no tienen respuesta que encontrar: decidir algo y defenderlo, o tomar postura en algo que nadie ha cerrado.

No es una queja contra quien usa estas herramientas para repasar, que es un buen uso. Es una lectura de qué deja de medir un ejercicio cuando la respuesta viene incluida con el portátil.

Un misterio que todavía nadie ha resuelto

En el episodio del Neolítico de Clyra, la cronista le plantea al alumno un misterio real de un yacimiento de la Península, como los dólmenes de Antequera o la Cova de l'Or, que los arqueólogos siguen discutiendo. El alumno propone una hipótesis, la cronista le trae una evidencia nueva y él decide si la sostiene o la cambia, y por qué. Ninguna caja de búsqueda tiene esa respuesta, porque no la tiene nadie.

La sesión ocurre en clase, con el profesor en el aula, y el alumno entra con un código que le da su profesor, sin crear ninguna cuenta. Lo que escribe se queda en La Crónica, y el profesor lo lee después hipótesis a hipótesis: si la cambió, si la sostuvo o si se limitó a repetir lo último que oyó.

El primer trimestre con el botón encendido

La primera evaluación acaba en diciembre. Será el primer trimestre en España con la IA de Classroom encendida por defecto para alumnos de doce años en los centros que no la hayan apagado, y los exámenes de esa evaluación se harán sin ella. Nueva York ya ha tomado su decisión; aquí la van a tomar, centro a centro, el coordinador digital y el equipo directivo, en cuanto alguien les pregunte qué es ese botón nuevo junto a las tareas.

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