A propósito del informe «Shaping AI Policy and Practice in English Language Teaching», publicado por Cambridge University Press & Assessment el 1 de octubre de 2026 y recogido en España por EFE y El Español.
Profesores e inteligencia artificial: no les falta criterio, les falta un mapa
Ana Pujana, fundadora de Clyra. .
Cambridge ha escuchado a profesores que ya usan inteligencia artificial en clase, y lo que cuentan es que lo hacen solos. Yo no leo en el informe que les falte criterio: leo que nadie los está sosteniendo, y que sin ellos la IA en un aula no enseña nada.
Quince profesores que decidieron probar
El 1 de octubre, Cambridge University Press & Assessment publicó Shaping AI Policy and Practice in English Language Teaching. Es un trabajo pequeño y lo dice: recoge la experiencia de quince profesores de inglés de trece sistemas educativos, España entre ellos, que llevan tiempo usando IA generativa con alumnos de Primaria, Secundaria y adultos.
La frase que se han llevado los titulares es que trabajan «en un vacío», sin una orientación clara de sus centros ni de sus administraciones. Su primera preocupación no es la herramienta, sino el alumno: que analice lo que le devuelve la máquina y que la use para apoyarse en ella. De ahí salen ocho principios. Entre ellos, meter la alfabetización crítica en IA en el currículo, que la evaluación cuente el proceso y no solo lo entregado, y proteger el criterio del profesor y darle voz cuando se decide la política.
No es criterio, es soporte
Conviene mirar quiénes son esos quince. No son una muestra del profesorado: son de los que han decidido probar. Gente con interés por la tecnología, que quiere hacer algo distinto en su clase y que se ha puesto a ello sin que nadie se lo pida.
Y aun así trabajan solos. Eso no quiere decir que no tengan criterio; probablemente tienen más que nadie. Quiere decir que nadie les ha dado un mapa, y lo van dibujando mientras caminan. Para usar bien la IA con alumnos, o sabes mucho de IA, lo bastante para inventarte tus propios procesos, o improvisas, y unas cosas te salen bien y otras mal. Ninguna de las dos debería ser lo normal para una profesora de inglés, de historia o de biología.
Cuando hablo con profesores veo dos bandos. Los que han decidido usarla y averiguar cómo, por su cuenta. Y los que han decidido que es el demonio. En medio, casi nada: ni formación, ni guías, ni alguien a quien preguntar. El informe retrata al primer bando, pero el segundo existe por la misma razón. Cuando nadie te acompaña, apartarla es una decisión razonable.
Para dudar de la máquina hay que saber
El principio de la alfabetización crítica pide que el alumno aprenda a detectar sesgos e imprecisiones. Estoy de acuerdo, con una condición que no se puede saltar: un chaval de doce años solo puede dudar de una respuesta sobre algo que ha estudiado. Una frase falsa bien escrita y una verdadera bien escrita se leen igual.
Lo que hace que un alumno levante la ceja delante de una pantalla es que lo que lee choca con algo que ya sabe. Y ese algo lo pone el profesor: la clase sobre el Neolítico, sobre la fotosíntesis, sobre el sujeto de una oración. Por eso la conversación sobre IA en las aulas no puede ser una conversación sobre herramientas. Es una conversación sobre profesores.
La prisa no es un criterio
Casi todo lo que se ofrece con IA en educación se vende por lo mismo: hacer las cosas más rápido. Corregir antes, preparar antes, entregar antes. Al alumno le reprochamos que la use para terminar cuanto antes, y al profesor le ofrecemos exactamente eso como solución.
Aprender no va de velocidad. Dudar de una respuesta lleva tiempo; contrastarla con lo que sabes, más; explicar por qué no te la crees, más todavía. Si el único criterio es la rapidez, la IA acabará haciendo muy bien justo lo que en un aula no hace falta.
Sin profesor, Clyra es un juego
Lo digo siempre y lo repito aquí: sin el profesor, Clyra es un juego. Es una sesión de Historia que cabe dentro de una unidad que el profesor ya está dando en primero de ESO, y funciona porque el alumno llega con lo que ha trabajado en clase.
Lo primero que aparece en la pantalla del alumno es esto: «Clyra es una inteligencia artificial. Te cuenta lo que sabe y puede equivocarse: si algo te chirría, pregúntale». La cronista distingue entre lo que vio y lo que los historiadores todavía discuten. Y lo que el alumno escribe durante la sesión le llega al profesor, que es quien sabe si se sostiene.
Antes de la ley, los profesores
En Cataluña, la Generalitat ha anunciado que quiere vetar la IA en las aulas hasta los 14 años, con un primer informe en noviembre y un texto normativo en marzo de 2027. Ese va a ser el debate de los próximos meses en España: prohibirla o no.
Cambridge pide algo previo: escuchar a los profesores antes de decidir por ellos. Yo añadiría que hay que escuchar a los dos bandos, a los que la prueban y a los que no se fían, y después darles lo que ninguno tiene ahora: alguien al lado.