Opinión

A propósito de los 400 millones de dólares que la Fundación Gates destinará a llevar la IA a las escuelas, anunciados el 14 de septiembre de 2026, y de las críticas de profesores que recogió Fortune el 19 de septiembre.

La Fundación Gates y la IA en las escuelas: el alumno que más ayuda necesita es el que menos debería usar la IA solo

Ana Pujana, fundadora de Clyra. .

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La Fundación Gates va a gastar 400 millones de dólares en dos años en llevar tutores de inteligencia artificial a las escuelas, empezando por las de alumnos con menos recursos. Me parece bien que alguien pague por averiguar si funciona. Lo que no comparto es la idea de partida: el chaval al que más le cuesta no necesita una máquina para él solo, necesita a un adulto que le lea.

Un tutor por alumno, con dinero de una fundación

El 14 de septiembre, con su informe anual Goalkeepers, la fundación anunció mil millones de dólares para llevar herramientas de IA a escuelas, centros de salud y agricultores. El 40 % va a educación, sobre todo a tutoría personalizada con IA en Estados Unidos y fuera. La idea es que la IA estreche la distancia entre los alumnos que van bien y los que se quedan atrás, en vez de agrandarla.

La propia fundación reconoce el riesgo. En su estrategia escribe que «se han adoptado demasiadas herramientas sin pruebas de que funcionen» y que los profesores deben seguir en el centro. Por eso habla de probar primero en escuelas con alumnos de familias con pocos ingresos, formar al profesorado y encargar evaluaciones independientes, entre ellas una de la Universidad Johns Hopkins, antes de extender nada.

El 19 de septiembre, Fortune preguntó a profesores. Amy McBride, que enseña a alumnos con necesidades educativas especiales en Florida, lo dijo así: «Los alumnos que más ayuda necesitan pueden ser también los que más necesitan a un adulto para aprender a usar bien la IA». Y la responsable de una empresa educativa añadió que el dinero pensado para cerrar una brecha puede acabar ensanchándola.

Aquí no llega el dinero, pero sí las herramientas

Mientras tanto, la IA llega a nuestros alumnos gratis, sin piloto y sin nadie que evalúe nada. Desde agosto, un centro puede activar Gemini en Classroom para alumnos de cualquier edad. ChatGPT tiene desde agosto una versión para adolescentes con un modo de estudio que pregunta en vez de contestar, y OpenAI dice que llegará a todos los países, España incluida, aunque no pone fecha.

Es decir, tendremos el tutor sin la parte buena del plan de Gates, que es la cautela. Allí alguien va a medir durante dos años si los alumnos que iban peor aprenden más. Aquí el chaval de primero que no entiende la pregunta del libro va a tener un tutor en el móvil esta misma evaluación. Y lo va a usar solo, en su cuarto, que es justo donde McBride dice que no funciona.

Para un profesor, esto se traduce en un gesto que no necesita nada. Piensa en los tres o cuatro alumnos de tu clase a los que más les cuesta. La próxima vez que uséis una IA en el aula, para lo que sea, siéntalos cerca y lee lo primero lo que escriban ellos. Y no mandes para casa una tarea con IA que no hayan hecho antes una vez contigo delante.

Para un centro, la lección es la de la propia fundación, en pequeño. Si este curso os ofrecen un tutor de IA, aunque sea gratis, haced lo que hace Gates con su dinero: una clase, una unidad, alguien que lea lo que escribieron los alumnos antes y después. Si nadie puede leerlo, no hay manera de saber si ha servido.

Una hora junto al Nilo, con toda la clase a la vez

Clyra no es un tutor, y la diferencia importa aquí. No acompaña a un alumno por la tarde: ocupa una hora de clase, una vez por unidad, con todo el grupo a la vez y el profesor en el aula. En el episodio de Egipto, la cronista abre con tres escenas junto al Nilo: un escriba que apunta cada saco de grano de una obra que no verá terminada, un campesino que reclama nueve veces, unos obreros que sueltan los cinceles porque tienen hambre. Luego pregunta qué les llama la atención. A partir de ahí cada alumno construye a una persona que vivió allí, con nombre, oficio y su sitio en el mundo.

Lo que cuenta para esta nota es lo de después. El profesor abre La Crónica y lee alumno por alumno lo que escribió cada uno. El que se quedó en dos palabras no queda escondido detrás de una media: aparece con sus dos palabras, y el profesor sabe esa misma tarde a quién sentar a su lado la próxima vez.

Lo que medirá Johns Hopkins

Dentro de dos años habrá datos de verdad sobre tutores de IA con alumnos a los que les cuesta, y los leeré con atención. Me fijaré en una cosa: si los que mejoraron lo hicieron solos o con un adulto al lado. Mientras llegan, el tutor gratuito ya está en el móvil de nuestros alumnos, y el adulto que lo puede acompañar es el profesor que tienen delante el lunes.

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