Opinión

A propósito del informe Panorama de la Educación 2026 de la OCDE, publicado el 29 de septiembre de 2026.

Papeleo docente e IA: el problema es el mismo dato escrito tres veces

Ana Pujana, fundadora de Clyra. .

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Hace unos días una amiga me pidió que le enseñara a usar la IA para hacer sus informes de ventas. Le pregunté dónde estaban los datos: en un programa cerrado, del que solo se pueden sacar copiando a mano. Entonces, ¿la IA sobre qué?

Me acordé de ella al leer el informe que la OCDE publicó el 29 de septiembre. Propone usar la IA para quitar papeleo a los profesores, y choca con el mismo muro.

Una frase en un informe sobre la falta de profesores

Panorama de la Educación 2026 trata de la escasez de docentes. Entre sus recetas hay una sobre tecnología: más herramientas digitales e IA «pueden ayudar a reducir la carga administrativa», para que los profesores dediquen su tiempo a lo que más influye en el aprendizaje.

El diagnóstico es bueno. En España, según la última encuesta de la OCDE al profesorado (TALIS 2024), el 64 % de los profesores de secundaria cree que el trabajo administrativo es excesivo; la media de la OCDE es el 52 %. Y lo curioso es que no es cuestión de horas: ese trabajo ocupa en torno al 5 % de su tiempo, algo menos que la media. No agota cuánto papeleo hay. Agota cuál.

El mismo dato, tres veces

Cuando se baja al detalle, el papeleo de un profesor de ESO se parece mucho al de mi amiga.

Un profesor evalúa con una rúbrica en papel, pasa las puntuaciones a su cuaderno digital y después vuelve a meter la nota en el programa de la Consejería para el acta. Quienes estudian esto lo llaman «doble registro». En Murcia, el sindicato ANPE pidió el curso pasado una aplicación única que conecte las que ya usan los centros, y que se elimine el Excel de estadística del Ministerio, «ya que los datos ya se encuentran en Plumier», el programa de gestión de la Región. En su lista de peticiones no aparece la IA.

Eso es lo que piden los profesores: que las piezas se hablen. Una IA que no puede ver esos datos no quita el trámite. Añade un paso más, el de copiarlos en un chat.

Tres cosas distintas con el mismo nombre

Creo que el lío viene de que con la palabra IA estamos nombrando tres cosas.

Mover datos. Faltas, notas, actas, boletines, avisos a las familias. Aquí no hace falta nada que razone: hace falta que el dato se escriba una vez y viaje solo. Un modelo que razona es justo lo que no quieres, porque el día que interprete distinto te cambia una nota.

Escribir documentos. Programaciones, memorias, informes. Algunos tienen valor, como el que explica a una familia qué tiene que trabajar su hijo para recuperar. La IA puede ayudar a redactarlo, pero solo si puede leer las notas y lo que hizo el alumno; si no, el profesor vuelve a copiar. Y muchos otros documentos repiten lo que ya está escrito en otro sitio. Ahí la IA solo hace más rápido algo que no debería existir.

Pensar. Aquí la IA aporta algo que ningún programa de gestión puede dar: conversar, preguntar, obligar a alguien a explicarse. No para pensar por el alumno ni para decidir lo que ha aprendido. Eso sigue siendo cosa del profesor.

Una lista antes que una herramienta

Hay algo que un centro puede hacer el lunes sin comprar nada. Durante una semana, cada profesor apunta las veces que escribe un dato que ya estaba escrito en otro sitio. Esa lista vale más que cualquier herramienta nueva, y es la que hay que llevar a la Consejería.

Y cuando un proveedor ofrezca IA para el papeleo, dos preguntas: ¿a qué datos accede y de dónde los saca? ¿Voy a tener que meter a mano algo que ya está en otro programa? Si la segunda respuesta es sí, no te quita papeleo. Te lo cambia de sitio.

Dónde ponemos la IA en Clyra

En Clyra la IA está en la tercera de esas cosas. La cronista conversa con cada alumno sobre una época de la Historia y no le deja avanzar hasta que decide y explica por qué. Al terminar, el profesor tiene delante lo que ha escrito cada alumno, con sus palabras.

Lo demás intentamos que no sea trámite, y para eso no hace falta IA, sino conectar. Si el profesor trabaja con Google Classroom, trae su clase de ahí y Clyra manda a cada alumno su enlace por el mismo Classroom: nadie vuelve a escribir una lista, y los alumnos entran sin nombre ni correo.

Con las cuentas de Microsoft que la Consejería da a sus centros, la conexión también está hecha, pero no depende de nosotros: la tiene que autorizar la Consejería. Es la historia de esta nota contada desde dentro: la pieza existe, falta que alguien la deje encajar.

Antes de la próxima herramienta

La IA va a llegar a los centros con el argumento de la falta de manos. Si llega sin acceso a los datos, será un programa más que no se habla con los demás. La pregunta que le hice a mi amiga vale para cualquier Consejería: IA, sí, pero ¿sobre qué?

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