Opinión

A propósito del Plan IA360, presentado por el Gobierno el 21 de septiembre de 2026.

El Plan IA360 y la ESO: qué significa para un centro y qué puede hacer este curso

Ana Pujana, fundadora de Clyra. .

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El 21 de septiembre el Gobierno anunció que la ESO enseñará a «usar y convivir con la IA». Si diriges un centro, la pregunta no es qué dirá el decreto. Es qué vas a hacer tú antes de que llegue.

Lo que anuncia el plan, y lo que no

El Plan IA360 es una hoja de ruta a doce meses con cuatro patas: infraestructura, economía y talento, gobernanza y agenda internacional. En la de talento está la escuela: adaptar el currículo de la ESO y la FP para que los alumnos aprendan a usar la IA y a convivir con ella. En la de gobernanza, la protección de los menores y un «contrato social por la inteligencia artificial» que el Gobierno negociará el mes que viene con empresas, sindicatos y partidos.

Lo que no hay: presupuesto, calendario ni una línea sobre qué contenidos entran. Y el currículo lo concreta cada comunidad autónoma. Entre el anuncio y una clase de primero de la ESO hay, siendo optimistas, dos cursos.

Lo que ya te obliga, desde 2022

Lo que nadie ha dicho esta semana: «usar y convivir con la IA» no es nuevo. El currículo de la ESO vigente, el de 2022, ya dice que la competencia digital se trabaja en todas las materias, no solo en Tecnología. Y sus descriptores hablan de buscar información «seleccionando los resultados de manera crítica», de identificar riesgos y proteger los datos personales, y de un uso «crítico, legal, seguro, saludable y sostenible» de lo digital.

Es decir: usar la IA con criterio no es algo que el plan vaya a exigir. Ya lo exige el currículo, en cada materia. Lo que ha cambiado desde 2022 es la herramienta: antes era un buscador con diez enlaces; ahora es un asistente que conversa, que suena seguro aunque se equivoque y que le hace la tarea si se lo pide.

Por eso no me convence esperar. El decreto pondrá nombre a una obligación que ya existe. No va a responder a la pregunta que importa: qué hace un alumno de doce años con una IA dentro de tu centro.

Lo que sí puede decidir un centro este curso

Tres cosas, y ninguna necesita a Madrid.

Qué herramientas entran, y con qué datos. Cada aplicación que usa un alumno es una decisión del centro, aunque la traiga un profesor. Antes de que entre, alguien tiene que saber qué le pide al alumno, por dónde pasa lo que escribe y quién puede entrenar con ello. Si el proveedor no lo contesta por escrito en una página, no entra.

Dónde se usa la IA: dentro de las asignaturas, no en un taller aparte. La tentación es hacer un curso de «uso responsable de la IA» y darlo por cumplido. Un chaval aprende a usar la IA con criterio cuando la usa para algo que le importa en Historia, en Lengua o en Biología, y descubre que puede equivocarse.

En clase, no en casa. PISA lo acaba de decir con cifras: la IA usada a diario y a solas, como atajo, se asocia a peores resultados; usada para aprender, y sobre todo cuando lo enseña la escuela, es el único uso que sale bien. El sitio de la IA no es el cuarto del alumno un domingo por la noche. Es la clase.

Las tres, en una hora de Historia

Clyra responde a las tres: la construimos para eso. Lo primero, los datos: al alumno no le pide nombre, ni correo, ni cuenta, y por dónde pasa lo que escribe está publicado. Lo segundo, el sitio: vive dentro de Historia, una sesión por unidad, no en un taller aparte sobre inteligencia artificial. Y lo tercero, el profesor: la sesión pasa en clase, con él en el aula, y después lee lo que escribió cada alumno y cómo razonó. El alumno no le pide nada a una máquina: una cronista le pone delante lo que vio en el Paleolítico y le hace decidir, y cada decisión tiene que venir con su porqué.

En esa hora pasan las tres cosas que «convivir con la IA» significa para un chaval de primero. Descubre que una IA puede preguntar en vez de contestar, y que entonces el que tiene que pensar es él. Descubre que una IA puede decir «esto no se sabe» o «esto está en debate», y que la máquina no tiene la última palabra: la tiene él. Y se lleva algo que ha creado él, no la máquina: un personaje con su biografía, un poblado, una investigación. Ninguna de las tres se aprende en una charla: se aprenden usándola para algo que importa, con un profesor mirando.

Un límite, que prefiero decir yo: Clyra no explica cómo funciona un modelo de lenguaje. Su trabajo es que, cuando el plan llegue a las aulas, haya chavales que ya sepan pensar con una IA delante.

La mesa y el aula

El mes que viene el Gobierno sienta a los agentes sociales para el contrato social por la IA. No estaremos en esa mesa. Estaremos en el otro sitio donde se decide esto, que es un aula de primero, y lo que salga de la mesa lo mediré con una sola pregunta: qué cambia para esa clase. Mientras llega el decreto, si diriges un centro y quieres saber qué preguntas hacerle a cualquier proveedor de IA antes de dejarlo entrar, las he puesto por escrito.

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